. ...Herranza Tatuaje Ganado
 

Sonaly Tuesta

Beben chicha de jora o aguardiente para festejar que sus reces lucen ahora las iniciales del dueño marcadas con el hierro candente. La herranza, yerra o rodeo consiste en tatuar al ganado para rendir homenaje al wamani, el dios de los cerros; diferenciar a los animales de otras manadas; testimoniar una inquebrantable fe a los santos que patrocinan a cada especie (San Marcos, patrón de las vacas, San Antonio de las bestias de carga, San Juan de las ovejas, San Lucas del toro, entre otros).


En el ande los elementos de la naturaleza son tratados como seres humanos, con mucha ternura, con cólera e insultos. En la herranza esta armonía entre el hombre y su ambiente contagia ese espíritu de convivencia a la relación habitual de patrones y empleados. Aquello le gusta al wamani, dicen, pues luego del festejo viene la recompensa:  fertilidad, abundante alimento para el ganado y  protección contra los abigeos.

En algunos lugares de la sierra este ritual lo realizan en carnavales, sin embargo en la mayoría su tiempo es posterior a la cosecha, generalmente entre los últimos días de julio y setiembre. En varios sitios inician la herranza el 25 de julio, día de Santiago, santo protector de los españoles en sus luchas contra los moros y los nativos americanos. El proceso de transculturización ha integrado a la cosmovisión andina la imagen del apóstol, aunque la celebración preparada en su honor esté dedicada a los wamanis.

La herranza significa además reunir a parientes y amigos. Mientras los encargados sostienen al animal escogido y estampan el hierro caliente sobre el brazuelo o pierna de éste, las gentes beben generosas jarras de chicha y chacchan solemnes varias hojas de coca. Pero antes, muy temprano, han desayunado una humeante sopa y quizá papas cocidas con queso.

En el día indicado para marcar se canta el “jarawi”, quejido melodioso que acompaña la tinya (tamborcito), luego de que el “wacrapucro” ha roto imponente el silencio. El varón designado para caldear el hierro demora unos instantes, los cuales se aprovechan para cortar pedazos de cuerno u orejas del macho, ya que a la hembra le colocan cintas de colores a modo de aretes. La sangre que allí discurre se suele mezclar con el “llampo” o maíz molido, el mismo que cubre el rostro de los asistentes como signo de fertilidad.


El animal marcado no recupera su libertad hasta que beba un poco de aguardiente y cada invitado se sirva chicha de un depósito especial. Sólo así, cuentan convencidos, el agua nunca le faltará a la manada. Otra muestra del traslado simbólico de la cotidianidad campesina es el casamiento de vaquillonas y toretes. Un representante de cada sexo es colocado en medio del corral, donde se les envuelve con un manto, arrojándoles tierra de color, maíz molido y flores silvestres. También les hacen beber aguardiente o chicha, dando inicio de esta manera al ciclo reproductivo.

Los “jarawis” continúan, determinando con sus improvisadas letras cada escena que presenta la herranza. Recuerdan la noche anterior en que velaban a los santos o jugaban entre hombres y mujeres, creyéndose bestias de carga, vacas o toros. El rito termina cuando se ha marcado a toda la manada.

Hay quienes comentan todavía que en el caso de los auquénidos o las cabras solamente se les pone aretes, esas cintas multicolores anudadas en sus orejas, y/o se les pinta con anilina disuelta en agua. Refieren entusiastas que a este acto se le ha bautizado con el nombre de chimpu.

 
 
 
       
 
Todos los derechos reservados © 2007 Costumbres Peru
Teléfono: 4311129 - 92440177 / Av Mello Franco Nº 532 Jesús Maria
 
 
Diseño Web: Aranda Producciones