. ...Bella Guadalupe
 

Sentirá que la próspera tierra liberteña está hecha a la medida de su imaginación. Sabra que debe su nombre a la Virgen de Guadalupe y que un buen sánguche de pavo nunca le permitirá olvidarla.

Sería absurdo y hasta imperdonable no aceptar el alucinante viaje al pasado que ofrece como en remate el gran caserón de Los Agustinos que se levanta en plena plaza de Guadalupe, orgulloso de haber sido declarado patrimonio nacional en 1941. Yo, he decidido unir varios relatos y caminar, sin prisa y con el mismo apuro que los dos Oscar llegan al segundo recamarín del altar mayor para bajar a la Virgen de Guadalupe, La Perfecta.

Imágenes en blanco y negro empiezan a correr en un ecrán gigante. Nada más preciso que mirar al Cristo Sangrante, recordando como una lección de colegio, que la figura pertenece a la Escuela Quiteña, igual que el Señor Cautivo de Ayabaca (Piura) o la hermosa efigie de la Virgen Alada de Quito (Ecuador). El proyector detiene su ritmo y la Señora de Guadalupe, que no se parece a la

mejicana, pero sí a la de Extremadura, en España, ya ha ingresado a la Capilla Oculta e ilumina el espacio como una indescriptible luna llena.

El particular sonido de los zapatos sobre el piso de locetas me confunde. Tras la puerta pienso en los padres agustinos, quienes cumpliendo su tarea evangelizadora trajeron a la nueva virgen más las dos media lunas que la asemejaron a la antigua deidad de la zona: el satélite protector que veneraban los indígenas porque su poder era grande, pues podía permanecer en el cielo de día y de noche.

Cruzo el umbral y es 5 de diciembre del 2003. Apurados y ajenos a mis imágenes en blanco y negro,  los encargados cambian a la patrona. Le ponen un manto turquesa, una frondosa cabellera, limpian el rostro al niño y el perfume Cristian Dior alcanza para madre e hijo. Carlos se aparta del grupo y me cuenta. Aquel arcón antiguo y forrado en cuero es la casa de La Chapetona, la otra virgen de Guadalupe, la que vino desde Sevilla con el capitán Fracisco Pérez de Lescano, el fundador del pueblo, el acusado de escribir panfletos en contra de la nobleza trujillana, el favorecido por la virgen, el salvado de la pena capital después de suplicar un milagro a la Virgen de Guadalupe de Extremadura.

Es momento de marcharme, de admirar los mantos ordenados en las vitrinas, pero me aborda Jorge, el guía del santuario. Son dos vírgenes bajo la misma advocación, sentencia. Son iguales aunque una sea más grande que la otra, aunque los ojos de La Chapetona sean de madera y los de La Perfecta estén hechos de vidrio, aunque La Chapetona sea una estatua en una sola pieza y La Perfecta tenga la posibilidad de dejar al bebé a un costado mientras se cambia.

 
ES HORA DE MIRAR EL CERRO
 

El tañir de las campanas confirma mi despedida. Miro el Cerro Namul (cerro solitario) y las palabras de Víctor traen las múltiples leyendas de santos, señores y vírgenes. Como San Lorenzo de Marca (Ancash) que aparecía en el llano, distante de la cumbre donde querían tenerlo los lugareños, así, la virgen de Guadalupe manifestaba su tristeza apareciendo en lo alto del cerro, pidiendo un poco de cariño a los habitantes del asentamiento yunga que no estaban muy convencidos de brindárselo.

Repitiendo este hecho, que algunos consideran suspicacia de los Agustinos, es que cada 5 de diciembre, La Chapetona, sube el centenar de escalinatas para quedarse a descansar en la modesta capilla a mitad de la cumbre. De hecho será mejor visitar Guadalupe en tiempos de fiesta. Entenderá mejor la vida de las dos vírgenes y avanzará por las calles, acompañado de músicos y bombardas que revientan a cada rato.

Hasta el terrible sol se coludirá con usted y lo dejará en paz en medio de la arena. Sobre todo cuando tenga que reconocer cada pirámide del admirable Pakatnamú.

 
DONDE ESTÁ LA LUNA
 
El camino hacia el sur-oeste del distrito es accidentado y solitario. Cualquier movimiento perturba y si hay ruido peor. Es como si estaríamos ingresando a un lugar lleno de magia, de absoluta paz, pero inexplicablemente extraño. Víctor refiere que Pakatnamú era una ciudad, un santuario y una fortaleza, que le sigue en extensión a Chan Chan, capital del reino Chimú. “Aquí veneraban a la diosa luna”, dice, mientras camina. Recuerdo a La Perfecta e imagino a los indígenas rindiéndose ante las dos medias lunas colocadas a los pies de la virgen. Debería haberme acostumbrado a encontrar relatos que me llevan a la misma historia, pero no, sigo sorprendida y más, cuando el sendero nos conduce a un enorme agujero que ha puesto al descubierto algunos huesos rotos,  pedazos de telas de lana y algodón, restos de cerámica y un muro de adobe. Los huaqueros han cargado con lo demás, igual que siempre.


Miramos el mar. Ya se por ejemplo, que el término Pakatnamú es una palabra yunga que significaría de origen o procedencia oscura. Era el nombre del general más aguerrido y valeroso del reino Chimú, que fundó una gran ciudad teniendo como base un asentamiento mochica. Damos vueltas sintiendo la energía de canchones y plazas ceremoniales, tratando de crear postales de lo que alguna vez fue: es el más importante centro de peregrinación de la costa norte.

Cuaderno de ruta

El distrito de Guadalupe pertenece a la provincia de Pacasmayo, en la región La Libertad. 

Está situado en el mismo centro del Valle Bajo río Jequetepeque, a 692 kilómetros de Lima.

Es una ciudad  de aspecto colonial en su parte antigua, delineada por el trazo irregular de sus calles, en su mayoría con viviendas de adobe y de una sola planta. Guadalupe llegó a ser famosa en el Virreynato, pues sirvió de posada oficial a los virreyes que viajaban de Paita hacia Lima.

Cómo llegar

Se recomienda viajar en avión a la ciudad de Chiclayo, capital de la región Lambayeque y de allí continuar por vía terrestre unos 40 minutos. Si su presupesto no le permite trasladarse por aire, realice el viaje en bus y hasta el mismo Guadalupe demorará unas 12 horas desde Lima.

Dónde dormir

Guadalupe es una ciudad con todos los servicios. Hay hoteles, hostales y pequeños hospedajes que actualmente están siendo remodelados y ampliados para ofrecer una mejor alternativa a los visitantes, que cada vez son más por estas tierras. Le recomendamos que en época de fiesta haga su reservación, pues en los días centrales del festejo, la demanda aumenta.

Dónde comer

La gastronomía guadalupana está enriquecida por una serie de platos que caracterizan al norte peruano y que aquí tienen un sabor especial gracias a la exquisita sazón de cocineros y cocineras. Un sánguche de pavo preparado por la señora Vicky del restaurante El Nuevo Triunfo será suficiente para confirmar lo que muchos comentan: no hay mejor preparación del pavo en todo el Perú como en esta ciudad. Si se trata de otros potajes, como el sudado de lifes, nada como las manos de doña Ercilda del restaurante y cebichería Yuli. No deje de probar los típicos seco de cabrito, arroz con pato, pepián de pava o espesado de choclo. Pero si quiere deleitarse con una gama de camarones: a la piedra, al ajo, en cebiche o en chupe vaya a las afueras de Guadalupe y visite a Javier en su restaurante El Catamarán. Lo atenderá de maravilla y morder cada crustáceo será un acto de sumo placer.

Para tomar en cuenta

En Guadalupe hace mucho calor. Lleve ropa delgada, gorro o sombrero, bloqueador. Para la noche, sin embargo, cargue con una chompa gruesa, pues corren fuertes vientos.

Le sugerimos tomarse su tiempo al visitar el Complejo arquitectónico San Agustín. No desaproveche la oportunidad de palpar la historia y la realidad de esta joya que en el siglo XVII se constituyó en el primer y más famoso santuario mariano de Sudamérica.

El 15 de abril Guadalupe celebra un aniversario más de fundación española y el 28 de octubre se recuerda la inmolación heroica de los hermanos Albújar y Manuel Guarníz. Fueron fusilados por los chilenos que habían invadido el país el 28 de octubre de 1881.

 
 
 
       
 
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